Esta es la puerta por la que se accede al recinto superior del castillo.

Si recordamos nuestro ascenso hasta aquí, podemos reparar en la eficacia del sistema defensivo. Hemos subido una larga rampa, en la cual el asaltante ha estado siempre a tiro desde la parte superior de la muralla. Además, esta rampa, a la altura de la batería de las horcas, hace un giro de casi ciento ochenta grados que frenaría la fuerza de un asalto masivo con caballería.

Un ejército asaltante hubiera debido atravesar durante ese trayecto dos puertas y aún le quedaría esta, que supone un último obstáculo.

Aparte de su solidez y las aberturas defensivas superiores, su trazado curvo hace que sea más inexpugnable, pues por un lado frena la caballería y por otro, impide al asaltante ver lo que hay en el extremo opuesto y disparar directamente al interior, siendo, por el contrario, blanco de los defensores en cuanto gire la curva interna de la puerta.