A pesar del poder que alcanzó la orden del Temple a principios del siglo XIV, cayó en desgracia debido a una conspiración organizada por el rey de Francia y con el consentimiento del Papa. Fueron injustamente perseguidos, encarcelados y varios de sus miembros ejecutados en la hoguera.
Sus bienes, además, fueron confiscados. Los templarios de Monzón se resistieron a entregar sus posesiones y el castillo fue asediado durante siete meses en el año 1308 por los ejércitos del rey Jaime II, ante los cuales se rindieron en mayo de 1309, convirtiéndose así en el último bastión en caer de toda la corona de Aragón.
Finalmente, la orden del Temple fue disuelta por el papa Clemente V en 1312. El castillo de Monzón fue entregado entonces a otra orden militar, la de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, y así continuó su historia.
Nos encontramos ahora en una zona que corresponde a la nueva fortificación del siglo XVII. Como en los otros puntos de la fortificación moderna, encontramos garitas de vigilancia para los centinelas en el extremo saliente.
En este último se halla la tronera, que mira hacia la Plaza Mayor, antigua Plaza de Armas, visible desde aquí, así como el edificio renacentista del Ayuntamiento. Bajo nuestros pies está el polvorín, estancia donde se depositaban las armas y municiones. Consta de dos plantas, alcanzando una profundidad de catorce metros y medio.
Junto a la puerta de entrada del polvorín se instaló a principios de los años cincuenta una escultura del Sagrado Corazón de Jesús, donada a la ciudad por la empresa Hidronitro Española.