Nos encontramos ante la puerta principal del castillo de Monzón, una fortaleza de más de mil años de historia. Desde sus inicios musulmanes hasta su uso como cuartel de artillería en el siglo XIX, ha sufrido numerosas vicisitudes que han puesto a prueba sus muros.

Aunque son dos las épocas que han dejado mayor huella en su arquitectura. La primera, la época en la que fue ocupada por los templarios durante los siglos XII y XIII. Y la segunda, sus ampliaciones entre los siglos XVII y XVIII, cuando fue adaptado para su defensa frente a la artillería.

La zona en la que nos encontramos corresponde a esta última ampliación. Parece ser que la puerta contó con una verja defensiva de hierro y el foso con un puente levadizo. La puerta principal estuvo protegida por un paño de aspilleras, a las que se llegaba a través de unas escaleras que se sitúan a la izquierda, junto al primer cuerpo de guardia.

La primera batería, situada junto a la puerta de entrada, se denominaba Batería de los Leones, debido a las dos esculturas que decoraban la entrada. A la izquierda, se sitúa el cuerpo de guardia excavado en la roca, que dispone de un pequeño habitáculo donde se guardaban las armas.